Saturday, January 21, 2012

tres sonetos que vendan

Como el sonido se desplaza en ondas, 
no hay onda que no nazca y que no estalle
 abrazando a la urbe por el talle
 en las noches más negras y más hondas.


Así, por mucho que huyas o te escondas, 
mientras despliegue México su Valle, 
te hallará la pregunta de la calle: 
 Colchones, lavadoras, micro-ondas 


 –dirá la voz, o bien: –un fierro viejo 
que vendan. Y la oirás a hasta en los sueños, 
 sabiendo que ese fierro es ya tu espejo. 


No habrá consuelos grandes ni pequeños, 
 más que otra voz que ablande tu entrecejo: 
 “deliciosos tamales oaxaqueños”. 


Óscar de Pablo 


* * * 


“Lavadoras, tambores, microondas”, 
 escucho perturbado desde el lecho, 
sabiendo que yo mismo me he deshecho
de cosas más queridas, más orondas. 


Me deshice de un gato contrahecho
que paseaba maullando por las frondas,
y de aquellas certezas que, aunque escondas,
se te notan latiendo en pleno pecho.

Lo que tengo me gusta casi todo: 
la afición por las listas, el cuchillo
con que corto ahora mismo unos limones, 


el balcón –y sus plantas, y su lodo–, 
el reloj de la sala, mi tobillo, 
la atención con que escucho los pregones. 


Daniel Saldaña París 


* * * 


Colchones, microondas, lavadoras, 
me demanda una voz, con sus tambores
que incorpóreos repican; tentador es
su llamado infantil, y tentadoras 
sus ofertas. Resisto. Acusadoras 
mis cosas me están viendo: acusadores 
miran mis fierros viejos; sus calores 
me niegan mis estufas; tostadoras 
que tenía arrumbadas se rebelan 
y me demandan su liberación 
al escuchar el divinal pregón:
mas se calman de pronto cuando suenan 
deliciosos tamales oaxaqueños: 
Dios es plural y son los dos defeños. 


Ezequiel Zaidenwerg