Navegué anestesiado por la Styx,
recorrí el siglo xix y el Benelux
y aunque excluso del clan casi ku-klux
de Monsieur Mallarmé, tengo mi ptyx.
Por evitar fricciones con la Pnyx
no doy excrex ni tampoco soy ux-
oricida. Me basta un fíat lux
que disipe esta nox (o, en griego, nyx).
La sarx canta en su eterno solovox,
sálax me siento cual un Phryx o un Thrax,
mas ni Aronnax ni el santo Palafox
saben qué pediré si llego a rex:
un buen par de beréberas de Sfax
y, entre coxas y coxis, gñis, wha, sex.
Notas, acá.